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Internet es una autopista de la información,
según las palabras que el ex vicepresidente Al Gore pronunciara en 1990 para
alentar la difusión de la red de redes en los Estados Unidos.
Como consecuencia de las diversas posibilidades de interacción que habilitaron
las nuevas tecnologías en clave de multimedia, el papel impreso parece volverse
cada vez más añejo, y las teorías sobre su supervivencia están en plena
discusión.
Los internautas van dejando de lado el papel y quieren instantaneidad, imágenes,
video, todo lo que les interesa saber de la información que se publica. El
diario les da noticias que suenan demasiado viejas.
Además, la web interpretó como nadie esa combinación de información dura,
mezclada con el entretenimiento y la diversión, cosas que los diarios nunca
aprovecharon.
Es aquí donde se divisa el comienzo del ocaso del periódico tradicional, que a
su vez ya había atravesado una serie de reinvenciones en su formato impreso,
dejando atrás el anacrónico diseño tabloide o sábana. La información resulta más
procesable, cuanto más sintética se presenta.
En este contexto, de progresivo avance del periodismo digital y de sus
derivados, hay quienes arriesgan a poner una fecha de defunción para la prensa
impresa.
Esta es la principal tesis de Philiph Meyer, autor de The Vanishing Newspaper
(La desaparición del diario) que sostiene que en el año 2043 la prensa impresa
deberá cerrar sus puertas.
De todos modos, varias voces autorizadas se
levantan en igual sentido profetizando el final del diario. Y apuntan que
Internet ofrece algo que el periódico tradicional no tiene: la información en
tiempo real.
Los números asoman para confirmar que el traspaso del lector de prensa impresa
al lector digital se está acentuando. En el decenio 1996-2005, sostienen The
Economist y The Washington Post, la difusión del periódico tradicional cedió en
la América anglosajona, la Unión Europea, Latinoamérica y la Oceanía “blanca”.
En este sentido, los jóvenes británicos de 15 a 24 años declaran, en un sondeo,
que el uso de Internet entre ellos ha reducido 30% la lectura de periódicos. En
tanto, la Newspaper Association norteamericana sentencia que entre 1990 y 2004
la gente empleada en diarios impresos se ha reducido 18%
La cuestión comercial, central para sostener cualquier proyecto, no duda en dar
el guiño a la revolución digital.
The Economist sostiene que la publicidad está siguiendo a los lectores en su
travesía hacia el sitio digital. El semanario británico describe a "Internet
como un medio seductor que supuestamente pone en contacto a los compradores con
los vendedores y demuestra a los anunciantes que su dinero está bien gastado".
Todo este camino no se detiene en el auge de la prensa digital, sino que
reconoce un punto más lejano en su trayecto: la convergencia, nombre que
denomina a la conjunción de radio, tv y teléfono, en un mismo soporte: la
computadora. Es lo que viene.
Por el momento, en los países desarrollados ya son varios los empresarios que se
lanzaron a conquistar al internauta devenido en lector digital. Por ejemplo, en
un pequeño poblado de Norteamérica, Beaufor, causa furor un diario digital
centrado en la vida cotidiana de ese lugar. El proyecto ya tiene varios
imitadores en países de Europa.
Por lo visto, el diario se encamina a su propio obituario, que seguramente será
comentado en un sitio de Internet y en el instante mismo que suceda
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